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No controlo mis emociones, ¿qué hago?

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¿Te preocupa como te sientes y como actúas? ¿Tienes reacciones emocionales automáticas muy fuertes de rabia, miedo, tristeza…? ¿Estas aparecen con tu pareja, hijos/as u otras personas? ¿Sientes que no puedes con todo?

Quizás es el momento de empezar a darte un espacio para ti, para solucionar aquellas carencias emocionales que puedas tener que hagan que las situaciones te sobrepasen, que fomentan el estrés, el cansancio, el malestar… y en definitiva controlar tus emociones o regularlas, para poder vivir más en paz.

¿Por qué no controlo mis emociones?

Factores biológicos: Algunas personas pueden tener una predisposición genética a experimentar emociones intensas o a tener dificultades para regularlas debido a desequilibrios químicos en el cerebro.

Experiencias pasadas: Eventos traumáticos o experiencias difíciles en el pasado pueden influir en la capacidad para manejar las emociones. Las respuestas emocionales pueden haberse desarrollado como mecanismos de afrontamiento.

Entorno social: Las interacciones y relaciones sociales también pueden afectar la regulación emocional. Un entorno estresante o relaciones conflictivas pueden contribuir a la dificultad para controlar las emociones.

Estrés: La presión constante y el estrés pueden desencadenar respuestas emocionales intensas y dificultar la gestión de las emociones.

Trastornos mentales: Condiciones como la ansiedad, la depresión u otros trastornos mentales pueden afectar significativamente la regulación emocional.

Falta de habilidades de afrontamiento: Algunas personas pueden no haber desarrollado habilidades efectivas para manejar el estrés y las emociones intensas, lo que lleva a respuestas emocionales descontroladas.

Beneficios de autocontrol emocional

  • Mejora en la toma de decisiones: El autocontrol emocional te permite tomar decisiones más racionales y basadas en la reflexión en lugar de reacciones impulsivas. Puedes evaluar las situaciones de manera más objetiva y considerar las consecuencias a largo plazo.
  • Relaciones más saludables: La capacidad de regular tus emociones contribuye a relaciones interpersonales más saludables. Puedes comunicarte de manera más efectiva, manejar conflictos de manera constructiva y ser más comprensivo con los demás.
  • Reducción del estrés: El autocontrol emocional ayuda a reducir el estrés al evitar reacciones exageradas ante situaciones estresantes. Puedes enfrentar desafíos de manera más tranquila y encontrar soluciones más efectivas.
  • Mayor resiliencia: La regulación emocional fortalece la resiliencia emocional, permitiéndote recuperarte más rápidamente de eventos negativos o adversidades. Puedes adaptarte mejor a las circunstancias difíciles.
  • Mejora en la salud mental: La habilidad para gestionar las emociones de manera saludable está asociada con una mejor salud mental. Puede ayudar a prevenir o reducir la ansiedad, la depresión y otros problemas emocionales.
  • Mejora del rendimiento académico y laboral: El autocontrol emocional puede tener un impacto positivo en el rendimiento académico y laboral. Te permite concentrarte mejor en las tareas, mantener la motivación y lidiar eficazmente con los desafíos.
  • Autoconocimiento: La regulación emocional implica un mayor grado de autoconocimiento, entendiendo tus propias emociones, sus desencadenantes y cómo respondes a ellas. Esto facilita el crecimiento personal y el desarrollo emocional.
  • Desarrollo de empatía: El autocontrol emocional está vinculado a la capacidad de comprender y resonar con las emociones de los demás. Puedes ser más empático y compasivo, fortaleciendo tus relaciones interpersonales.
  • Mayor satisfacción personal: Al aprender a manejar tus emociones de manera efectiva, es más probable que experimentes una mayor satisfacción y equilibrio en tu vida.

Claves para controlar tus emociones

¿Quieres poder empezar a practicar la regulación de tus emociones? Comienza por estos pasos:

  1. Reconoce lo que te ocurre: reconocer es darse cuenta de lo que realmente está pasando respecto a nuestras necesidades más profundas. Comenzaría por tomar conciencia de que algo no va bien. Por muy sencillo que esto parezca, tenemos una gran capacidad para negarnos a nosotros mismos lo que nos duele. Es muy común ocultar, minimizar o pensar que lo que nos ocurre, lo que nos hace daño, es culpa de lo que ocurre fuera, lo cual complica el poner el foco dentro para darnos cuenta.
  2. Nombra y pon palabras a aquello que te está ocurriendo, tanto la conducta como la necesidad no satisfecha. Empieza por poder traducir el lenguaje de nuestra niña interior (por ejemplo: ¡Nunca estás conmigo!) al de la adulta que se da cuenta (por ejemplo: Necesito compartir más tiempo contigo para sentirme parte de tu vida).
  3. Acepta que eso te ocurre a ti y te ha ocurrido en ese momento. No tiene nada de malo sentirnos como nos sentimos, todo lo que ocurra dentro de nosotras es perfectamente válido. Lo que sentimos solo nos habla de las necesidades que tenemos o de las que pudimos tener y nunca fueron cubiertas. El problema no es sentirlo, es cuando dejamos que salga en modo de reacción automática.
  4. Responsabilízate de esa emoción o necesidad. Todo lo que nos ocurre, aunque tenga que ver con lo que hacen/dicen otras personas es algo que tiene que ver con quien lo siente dentro y, por lo tanto, es responsabilidad suya regularlo, calmarlo, cubrirlo… para volver a estar en un estado de equilibrio. Aceptar que somos las responsables de nuestras emociones y necesidades nos libera de pedir constantemente fuera que estas sean satisfechas y sentirnos frustradas cuando esto no ocurre.
  5. Permítete estar ahí. Déjate sentir por momentos lo que te está ocurriendo y, como se ha mencionado anteriormente, no te quedes en el mero malestar. Permitirnos estar en un lugar hace que podamos comprenderlo más profundamente. Podrás entrar en contacto con lo que ocurre de verdad.
  6. Calma tus propias emociones y satisface tus propias necesidades. En ocasiones solemos pedir al exterior (incluso exigir) que se haga cargo de nosotras: que el otro haga lo que yo quiero, que sea como yo quiero, que responda a lo que yo necesito… Sin embargo, como estamos viendo, solo nosotras somos responsables de calmarnos y darnos lo que necesitamos. Somos las responsables de hacernos cargo de esa niña interior que a veces se revuelve. Si vivimos esperando que otros la cuiden viviremos en la frustración de que eso no ocurra.

Es de mucha ayuda en todo este proceso poder conocer nuestra historia, la personal de cada una, de forma que podamos saber cuáles son nuestras heridas, creencias, dificultades, según lo que ocurrió en cada una de nuestras vidas. 

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